miércoles, 10 de marzo de 2010

El Pájaro Amarillo, una de mis historias favoritas


El 14 de junio de 1929 Cantabria entraba en la historia de la aviación transoceánica al ver como el Pájaro Amarillo se posaba en la playa de Oyambre, procedente de la playa de Old Orchard (en el Estado de Maine, EE.UU.). Su destino era el aeropuerto de Le Bourget, en París, pero problemas mecánicos de la aeronave hicieron que ésta se posara en el maravilloso arenal cercano a Comillas.

La historia de superación de sus tripulantes -Lotti, Assollant y Lefevre- es maravillosa. Como maravilloso es el relato que hace Carmen Cabezón en su libro El Pájaro Amarillo en Oyambre. 80 años de un vuelo histórico (Creática).

A mí esta historia siempre me pareció sensacional (y muy cinematográfica). De pequeño iba mucho al pueblo de mi padre, Pesués. Hoy se llega desde Santander en unos tres cuartos de hora, pero entonces te podías tirar dos horas en el coche tranquilamente. Se cruzaba Torrelavega por el centro. Las caravanas eran tremendas, detrás de camiones imposibles de ser adelantados. Íbamos cuatro en el asiento de atrás en un Renault 8, sin sillas, cinturones de seguridad, ni nada de nada. Y mi padre nos amenizaba el tedio de la travesía con sus historias, sus silbidos, sus canciones. La del Pájaro Amarillo era de mis favoritas.

Un avión amarillo que se posó en la playa. ¡Guau! A mi queridísimo progenitor le gustaba ir por la carretera de la costa, rumbo a San Vicente de la Barquera. Se atravesaba Comillas, se pasaba la Rabia (aquí nos hablaba de sus andanzas junto a su viejo amigo Paco Olano), cruzábamos Oyambre, Gerra y pasábamos el puente de San Vicente. De ahí a Pesués apenas diez minutos, quince a lo más. “San Vicente de la Barquera, una de las villas más pobres que yo conociiiiií... Y nos sientan en una banqueta y nos cobran cuatro pesetas... tralaralalaralalaralalariiiií”.

Vale, me he salido del recorrido. Pero quería llegar hasta ‘la tierra de mis antepasados’. El caso es que aún hoy si tuviera que elegir el sitio más bello, mi vista preferida, mi carretera soñada junto al mar..., siempre diría que el camino de Oyambre. Los habrá más bonitos, pero no más especiales. Con sus entradas y salidas del mar, sus playas y arenales, sus acantilados, sus subidas y bajadas, esas curvas sin final... Y el plato fuerte, esa mezcla que a tantos nos vuelve locos: estar dando un paseo por la playa y ver los Picos de Europa nevados al fondo. Ese farallón rocoso inexpugnable en el que nuestros valerosos Laro, Corocotta, Linto, o como se llamaran, se refugiaron asediados hasta el fin por los romanos. Mons Vindius. Lo más de lo más (¿Verdad Barri? ¿Verdad Litros? ¿Verdad Borin?).

Leí unas semanas atrás el libro del que os hablaba y flipé con los detalles que yo desconocía: el hecho de que la empresa casi fracasara al llevar a un polizón (Arthur Schreiber); los problemas de financiación del proyecto; los fracasos previos; cómo se llevó el avión a Estados Unidos; cómo se les ayudó en Cantabria (y desde más sitios de España) para poder completar su camino triunfal hasta Le Bourget. Puff. Me emociono como un niño al escribir esto. Es el reconocimiento modesto hacia la grandeza de tres fuera de serie.

Mi mente me dibuja esa imagen que de niño yo soñaba. La de un avión del color de los canarios que giró en su ruta hacia las Galias y aterrizó en sentido oeste en Oyambre. Veo la maniobra y la estela que deja en el aire. Oigo el rugir de sus motores. Y retumban en mis oídos los chasquidos de las ruedas sobre el arenal montañés. Espectacular.

Como reza el encabezamiento del blog de un colega futbolero: “Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”. Lo dijo Samuel Beckett y creo que debe ser una frase en la que pensar cuando algo no sale como esperábamos. Así pensó Armand Lotti hace ya más de 80 años. Y triunfó. Él y sus compañeros fueron los primeros europeos en atravesar el Atlántico Norte sin escalas. Y yo me quito el sombrero por ellos... y por mi padre, que me inculcó el amor por las buenas historias. Chapeau!

P.S. Hay una cosa que desde que vi una imagen del avión me llamó mucho la atención. En el ala lleva puesta su matrícula americana, y su número es el 9422, el prefijo (942) y uno de los números (el 2) por los que empiezan miles de teléfonos de Cantabria. Paradojas del destino...

Acto de conmemoración del aterrizaje en Oyambre del 'Pájaro Amarillo'

El Pájaro Amarillo despega de Oyambre rumbo a Francia.


Una de las cartas que transportaba el avión desde Estados Unidos y que fueron selladas en Comillas para su envío europeo.

12 comentarios:

T-Mac#1 dijo...

Preciosa zona Peter si señor, estuve este pasado verano unos días por allí de vacaciones y me encanto la playa de Oyambre, y Comillas pueblo de obligada visita, de los más bonito que he visto.

Peter Mihm dijo...

La zona es maravillosa. Y me gusta imaginar aquella tarde de junio en la que, tras casi 30 horas de vuelo, el Pájaro Amarillo llegó a las costas montañesas tocado en su mecánica y se vio obligado a clavar el avión en una preciosa playa.

Jorge dijo...

Ya tenía ganas de leer el libro antes de leer tu entrada. Angel siempre la cuenta de forma también apasionada, incluso ha escrito un comentario sobre la hazaña. Con tu comentario no has hecho más que aumentar esas ganas. Posiblemente sea lo primero que lea cuando vuelva a España, pues no creo que lo encuentre por estas tierras. Un abrazo

Peter Mihm dijo...

Yo te dejo el mío sin problemas, Jorge. Este verano seguro que me dejo caer por Oyambre para rendir tributo ante el monumento que allí hay a la hazaña. Además, el año pasado lo arreglaron por fin, después de que estuviera hecho una pena durante lustros.

Creo que hubo todo un fiestón y hasta estuvo la hija de Lotti en la celebración de los 80 años.

Edu_Rob dijo...

Alucino con tu disco duro, Pet. Preciosa historia; te pones a leerla y te deja con las ganas de que continúe.

Del año 29, nada menos. A pocos meses del jueves negro más negro de la historia, un espectacular pájaro amarillo.

S2.

Peter Mihm dijo...

Pues a leer el libro... La historia es de las que merece la pena.

LITROS dijo...

Enorme Pet.
Cantabria con los pioneros de la aviación; en este caso de "rebote", en otros muchos "a posta".

Peter Mihm dijo...

Hay otro caso similar, el del Pathfinder, pero éste aterrizó en Santander unos días más tarde.

Y luego ya están los Pombo and company, pioneros también y autores de grandes machadas.

Sin ir más lejos, Juan Pombo Ibarra, uno de los padres de la aviación española, realizó el primer vuelo Santander-Madrid en 1913.

JAVI-SHATT dijo...

PETER,ERES UNA ENCICLOPEDIA ANDANTE.EN VERANO NOS VAMOS DE COMIDA POR ESA ZONA Y LUEGO A LA PLAYA.JJJJJ
IGUAL ESCUCHAMOS LOS MOTORES....DE ALGUN AVION DE HELICES.
CIAO.

Peter Mihm dijo...

El plan parece inmejorable, Shatto.

Y nada de enciclopedia, simplemente curioso. ;))

Benbow dijo...

La historia no la conocía y es fantástica.Y desde luego muy cinematográfica.Desde luego voy a por el libro.
Hay otra historia,del año 29 tambien,protagonizada por Ramón Franco,que en su dia fué otro pionero conocido mundialmente.Es cierto que su posterior trayectoria durante la guerra parece que lo descalifica históricamente,pero esos tres individuos,náufragos a bordo de un Donier Wal,durante 7 dias en medio del Atlántico,tambien son un poco de epopeya...

Benbow dijo...

La historia es fantástica y no la conocía hasta hace unos dias.Voy rápido a por el libro.
Hay otra historia,tambien del año 1929,protagonizada por Ramón Franco,en su dia tambien pionero conocido mundialmente.Su posterior trayectoria política y personal,tan contradictoria,parece que lo han descalificado un poco históricamente.
Pero esos tres hombres perdidos en el Atlántico,náufragos a bordo de un Dornier Wal durante 7 dias,tambien es un poco de epopeya.Pero quitando la narración del mismo año de Gonzalez Ruano,no existe parece una historia detallada de la aventura...