miércoles, 20 de mayo de 2026

Y volvimos a Primera, como en el 93 (te quiero Racing)

Catorce años de barro y patadas en las costillas. Catorce años de sentimientos muy fuertes que llevaron a la afición a luchar a brazo partido para que el club no desapareciera. Catorce años muy duros que han forjado un sentimiento muy potente y enraizado. Catorce años que se han sabido aprovechar para tener un club que mira al futuro con optimismo y determinación, aunque al ayuntamiento parezca darle lo mismo.

Se subió a Primera tras ganar al Valladolid y que el Almería hiciera la paparda ante la UD Las Palmas. Por una vez la paparda la hicieron otros. Y me tocó vivirlo en la distancia, en Dublín. Tratando de ver el partido en un móvil que perdía la cobertura cada dos por tres por ir en tren; y pudiendo ver la segunda parte y el delirio ya en la estabilidad de la señal del hotel.

Ganas de llorar de emoción. Lágrimas contenidas y no contenidas. Imágenes de caras conocidas llorando como niños tras años de sinsabores. Un estadio lleno a reventar. Una invasión del terreno de juego como la que protagonicé en 1981. Un ambientazo similar al del ascenso del 93. Pero, eso sí, con una afición más caliente, con muchos chavales que se han sumado a la corriente verdiblanca, entre ellos unos cuantos sobrinos que sienten el Racing como yo. Y un sentimiento grande de pertenencia. Muy grande.

Hace tres años llegó Sebastián Ceria y todo cambió. Nos pidió que suspendiéramos la incredulidad. Y nos costó comprarle el pensamiento, acostumbrados a las papardas y al sufringuismo. Se pasó a una buena gestión económica y deportiva. Se dejó atrás la deuda concursal. Se recuperó el orgullo de lo nuestro. Se pasó a remitir a los clubes interesados a las cláusulas de rescisión. Se acercó al equipo a la gente y a toda Cantabria. Se parcheó el estadio como se pudo pese a la nula colaboración del ayuntamiento. Se vendió merchandising como nunca. 

En muchos momentos nos hemos tenido que pellizcar para creernos lo que veíamos. Y ahora hemos vuelto y habrá que darlo todo para no volver a caer. In Sebman we trust!

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